Mi relación con el movimiento comenzó mucho antes de pensar en dedicarme al
fitness. Siempre me gustó sentirme activa, pero fue después de convertirme en
mamá cuando realmente entendí el poder que tiene el ejercicio para transformar
no solo el cuerpo, sino también la mente y el alma.


Hubo un momento en mi vida en el que, como muchas mujeres, me sentí
desconectada de mí misma. Ser mamá fue lo más hermoso que me pasó, pero
también me hizo olvidar por un tiempo esa parte de mí que disfrutaba cuidarse,
moverse y sentirse fuerte.


A través del entrenamiento, empecé a reencontrarme. Ese proceso fue tan
profundo que supe que quería ayudar a otras mujeres a vivirlo también.
Mi primer paso profesional fue certificarme como entrenadora personal y coach de
nutrición
. Con el tiempo me especialicé en entrenamiento femenino, pre y
postparto, y ganancia muscular. Descubrí que muchas mujeres buscan cambiar su
cuerpo, pero lo que realmente necesitan es reconectarse con su poder y sentirse
dueñas de su proceso.


No fue fácil llegar hasta aquí. Criar a mi hija lejos de mi familia, adaptarme a otro
país y construir mi carrera desde cero fueron grandes desafíos. Pero cada
obstáculo me enseñó disciplina, resiliencia y empatía.
Aprendí que no se trata solo
de dar entrenamientos, sino de acompañar con el corazón.


Hoy mi filosofía es clara: el fitness no se trata de castigar el cuerpo, sino de
honrarlo. Creo en rutinas sostenibles, en la constancia sin perfección y en celebrar
cada pequeño avance. Mis alumnas me enseñan todos los días que cuando una
mujer se siente bien consigo misma, todo a su alrededor cambia.

Uno de los momentos más especiales que viví fue cuando una clienta me dijo que,
gracias al proceso, había vuelto a reconocerse frente al espejo. Ese tipo de
transformaciones son mi mayor recompensa.


Mi visión para el futuro es seguir expandiendo este mensaje: que el fitness puede
ser una herramienta de amor propio y no de comparación. Quiero seguir
inspirando a mujeres a moverse desde el disfrute y no desde la culpa.


A los coaches que recién comienzan les diría: confíen en su historia. No busquen
ser perfectos, busquen ser reales. Las personas no se conectan con músculos, se
conectan con corazones que las entienden.

Alejandra Alarcon